Tuesday, June 9, 2009

Preguntas pruebas 5° Año

Preguntas 1er Prueba de Historia, 2009

5° Año

 

1)      ¿Cómo y a partir de cuando reconformó en Estado nación moderno en Europa?

2)      ¿Qué caracteriza a un Estado-nación en la época moderna?

3)      Características del la monarquía absoluta

4)      ¿Cuáles son las diferencias entre la legitimación del Absolutismo hecha por Bossuet y Hobbes?

5)      ¿Cuáles son las características sociales y políticas del Antiguo Régimen?

6)      ¿Qué fue el mercantilismo? Explica y fundamenta.

7)      ¿Qué papel juegan la burguesía y la aristocracia (nobleza y clero)  en la economía entre los siglos XVI y XVIII?

8)       Compara el mercantilismo con la fisiocracia en cuanto a fuente de riqueza, función del Estado, comercio.

9)      Características del pensamiento ilustrado.

10)  ¿Por qué podemos decir que los filósofos de la Ilustración (Locke, Montesquieu y Rousseau) echaron las bases de liberalismo político?

11)  ¿Cómo funciona la teoría de la separación de poderes de Montesquieu? Aplícala a un ejemplo actual.

12)  ¿Qué es el Estado de Naturaleza de Rousseau y como se caracteriza? Es la misma imagen que tuvieron otros autores como Locke y Hobbes.

13)  Diferencias entre el pacto social planteado por Hobbes, Locke y Rousseau. Tener en cuenta quiénes intervienen en el pacto, para qué se hace (los motivos), y cuanto dura.

14)  ¿Qué nuevas ideas planteo en el pensamiento económico Adam Smith?

15)  Transformaciones económicas del siglo XVIII.

 

Definiciones a tener en cuenta*

 

Estamento

Antiguo régimen

Monopolio

Clero

Liberalismo

Contrato social

Legitimación

Fisiocracia

Ilustración

Antropocentrismo

Naturalismo

Racionalismo

 

*aclaro que esto es una guía. Pueden aparecer otras definiciones.

 

Profesor Leonardo Pribaz

 

 

 

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Tuesday, April 28, 2009

El liberalismo europeo


El liberalismo europeo

 

El liberalismo como doctrina política derivaba del racionalismo del siglo XVIII, por cuanto se oponía al yugo arbitrario del poder absoluto, al respeto ciego al pasado, al predominio del instinto sobre la razón. Por el contrario, preconizaba la búsqueda de la verdad por parte del individuo sin ningún tipo de trabas, sino mediante el diálogo y la confrontación de pareceres, dentro de un clima de tolerancia, de libertad y de fe en el progreso. Esa doctrina se asentaba en la confianza en el poder de la razón humana que todo lo esperaba de las constituciones y de las leyes escritas. Su rasgo distintivo consistía en el deseo de querer resolverlo todo mediante la aplicación de unos principios abstractos y mediante la aplicación de los derechos de los ciudadanos y del pueblo. La Revolución fue lo que dio fuerza verdaderamente a estas ideas. Frente a los privilegios históricos y a las prerrogativas tradicionales del príncipe o de las clases gobernantes, el liberalismo opone los derechos naturales de los gobernados. Frente a la idea de jerarquía y de autoridad, el liberalismo presenta las ideas de libertad y de igualdad. Y estas ideas son aplicables a todos los terrenos: al gobierno, a la religión, al trabajo y a las relaciones internacionales. Pero el liberalismo se refiere fundamentalmente a dos aspectos: a lo político y a lo económico.El liberalismo como sistema político fue construido a partir de las doctrinas de los viejos maestros Montesquieu, Voltaire, Rousseau o Condorcet, que se consagran después de la caída de Napoleón y se extienden desde Francia e Inglaterra por el sur y por el este de Europa.

 

El liberalismo político proponía una limitación del poder mediante la aplicación del principio de la separación entre el legislativo, el ejecutivo y el judicial, de tal manera que el legislativo quedaba en manos de una Asamblea elegida por sufragio censitario. Esa división debía establecerse mediante la creación de órganos que tuviesen la misma fuerza, pues en el equilibrio de los poderes residía la mejor garantía de su control mutuo y al mismo tiempo de la libertad del individuo frente al absolutismo. El liberalismo se distinguía de la democracia o del radicalismo porque defendía la idea de la soberanía de las asambleas parlamentarias frente a la soberanía del pueblo; porque daba primacía a la libertad sobre la igualdad y porque preconizaba el sufragio limitado frente al sufragio universal. Para los liberales,
la Revolución francesa se había condenado a sí misma a causa de sus excesos: el reinado del Terror y la democracia popular habían conducido a la reacción y a la dictadura militar de Napoleón.El liberalismo comenzó a transformar a Europa a partir de la senda década del siglo XIX y fue precisamente en España donde tuvo una de sus más tempranas manifestaciones con la reunión de las Cortes de Cádiz y la elaboración de la Constitución de 1812, la cual se convirtió en un símbolo para muchos liberales europeos. De hecho, el término liberal fue utilizado por primera vez por los diputados españoles en aquellas Cortes en el sentido de abiertos, magnánimos y condescendientes con las ideas de los demás, en su lucha por acabar con el absolutismo tradicional de su Monarquía. Unas veces, el liberalismo se impuso mediante un movimiento revolucionario, como fue el caso de Francia en 1830, y otras recurrió a la reforma mediante una evolución progresiva del sistema político sin violencias, como ocurrió en los Países Bajos o en los países escandinavos.

¿Cuáles son las características de los regímenes liberales? Veamos qué elementos y qué rasgos comunes podemos encontrar en ellos y de qué forma podríamos definirlos. En primer lugar hay que aclarar que aunque no forma parte sustancial de su doctrina política, el liberalismo acepta la Monarquía y de hecho en Europa durante el siglo XIX casi todos los regímenes liberales están presididos por el rey. No ocurre lo mismo, sin embargo, en América por la falta de tradición que el sistema monárquico tenía en los países de aquel continente. Como elemento esencial en todo régimen liberal está la Constitución, que es una ley fundamental por la que se rige el sistema político y está dictada siempre por una Asamblea constituyente, a diferencia de la Carta otorgada, que, como la promulgada en Francia en 1814 y siendo también una ley fundamental que tiende a cumplir la misma función, está dictada por el poder, es decir, impuesta de arriba a abajo. Comparada con la ausencia de textos del Antiguo Régimen, el deseo de definir por escrito la organización de poderes y el sistema de sus relaciones mutuas, es una novedad aportada por la Revolución que tomó el ejemplo de los Estados Unidos de América. Desde el punto de vista de la teoría política, la Constitución puede ser abierta o cerrada. Es abierta cuando especifica los derechos y los deberes de los ciudadanos y es cerrada cuando especifica solamente el funcionamiento del régimen, las obligaciones y deberes que tiene el Rey, hasta dónde alcanza su potestad, si el poder legislativo tiene que estar dividido en dos cámaras, etc. Puede establecerse también una división entre Constitución flexible y Constitución rígida. La primera es aquella cuyos términos pueden ser desarrollados posteriormente en otras leyes más específicas, como ocurre cuando se dice que las elecciones se efectuarán de la forma que determinen las leyes. Es decir, se dejan muchos de sus artículos a una interpretación posterior para que ésta pueda cambiar sin que por ello haya que modificar el texto constitucional. La Constitución rígida, por el contrario, no deja nada a la interpretación posterior: lo tiene todo previsto. La Constitución, tiene también un carácter universalista, es decir, está basada en unos principios tan generales y de tanto interés para todos que éstos podrían ser aplicados a todos los países, y de hecho así ocurrió por ejemplo en Portugal, donde se copió exactamente la Constitución gaditana de 1812.

 

Según el esquema de Montesquieu en el que se basa el régimen político liberal, el poder legislativo elabora las leyes, el ejecutivo las hace cumplir y el judicial determina si estas leyes han sido cumplidas o no. El ejecutivo no tiene, en definitiva, más que un papel de gendarme. El elemento esencial del liberalismo es la Asamblea, que es la reunión de los representantes de la soberanía nacional y la que tiene la potestad de hacer las leyes. El sistema liberal admite la existencia de una sola asamblea, o dos. Cuando el poder legislativo está dividido en dos Cámaras, la Cámara Alta, compuesta generalmente por individuos que por su mayor edad o por su situación suelen ser más conservadores, actúa como freno de la Cámara Baja .La Asamblea crea el parlamentarismo, cuyo eje son los partidos políticos, no contemplados por la Constitución, pero que constituyen parte fundamental de la dinámica política de los sistemas liberales. En realidad, los partidos políticos, que comienzan a aparecer en los inicios del liberalismo, no son más que la agrupación de aquellos ciudadanos que defienden unos principios comunes expresados en unos programas en los que se exponen sus puntos de vista sobre los asuntos de su propio país y la solución que darían a sus principales problemas en el caso de que alcanzasen el poder.

 

Benjamin Constant, uno de los principales teóricos del liberalismo doctrinario francés, afirmaba que los partidos políticos eran la esclavitud de unos pocos para la libertad de la mayoría. Los diputados de la Asamblea son elegidos por el cuerpo electoral. El liberalismo no considera que el derecho al voto sea un derecho natural, sino más bien una función, un servicio público para el que la nación habilita a una serie de ciudadanos que reúnen unas determinadas condiciones, generalmente económicas. El liberalismo, a pesar de que consagra el principio de la igualdad de derechos de los hombres, introduce una distinción entre el país legal y el país real. A pesar de que pueda ser contradictorio, en la sociedad liberal sólo una minoría dispone del derecho al voto, de la plenitud de los derechos políticos. Aunque esta discriminación sea al mismo tiempo selectiva y exclusiva, como señala René Remond, no es por eso definitiva o absoluta: no excluye de por vida al individuo. A éste le basta con reunir las condiciones exigidas -alcanzar los 300 francos del censo en el caso de Francia- para transformarse de inmediato en elector. “¡Enriquecéos!”, espetaba Guizot a aquellos que reclamaban el derecho al voto. Sólo los que trabajaban, ahorraban y se enriquecían podían acceder a manifestar su voluntad política en el acto electoral. La política liberal se inscribe de esta manera en la perspectiva de una moral burguesa que ignora las dificultades y las trabas que tienen los individuos de las clases más deprimidas para promocionarse socialmente. Por eso, aunque el liberalismo se basa en la igualdad de derecho, en el sentido de que todos los ciudadanos gozan de los mismos derechos civiles, de hecho establece unas diferencias sociales basadas, no en el nacimiento y en la sangre como ocurría en el Antiguo Régimen, sino en la posesión de riquezas.

 

El dinero es uno de los pilares fundamentales del orden liberal, por cuanto se convierte en un principio liberador. Frente a la escasa o nula movilidad social que ofrecía la propiedad del suelo, que ataba al individuo a la tierra, o el nacimiento, el dinero como pauta para establecer la jerarquización de la sociedad abre posibilidades a todos para alcanzar un puesto en su escalafón. Las sociedades de los países occidentales de Europa ofrecen numerosos ejemplos de individuos que han ascendido rápidamente en la jerarquía social. El dinero se convierte, pues, en un factor de liberación y en un medio para la emancipación social de los individuos. Pero el dinero puede ser también un motivo de opresión. Para aquellos que no pueden alcanzar la riqueza, la situación se agrava. El triunfo de una economía liberal, en la que se impone el beneficio sobre cualquier otra consideración, lleva aparejada la miseria de los más débiles, que se ven desprotegidos en una sociedad en la que sólo existen las relaciones jurídicas, impersonales y materializadas por el dinero. El liberalismo político alcanzaría un notable grado de desarrollo con los doctrinarios franceses, entre los que destacaron Benjamin Constant, Guizot y Royer Collard.Desde el punto de vista económico, el liberalismo defendía la libertad plena y total, la supresión de las corporaciones y de los gremios, y de todas las trabas que pudieran suponer un obstáculo para el libre desenvolvimiento de las empresas y de las asociaciones. El Estado burgués debía renunciar a los viejos principios del mercantilismo y a cualquier tipo de intervencionismo en la economía de los países.

Jeremy Bentham (1748-1832) fue uno de los pensadores que más influyó en la consolidación de estas ideas en estos años iniciales del siglo XIX. Bentham aseguraba que “los individuos interesados son los mejores jueces para el empleo más ventajoso de los capitales y que el hombre de Estado tan propenso a inmiscuirse en las cuestiones de la industria y del comercio no es en nada superior a los individuos que quiere gobernar sino que le es inferior en muchos aspectos”. En efecto, su argumento era que un ministro no tiene por qué saber mejor que un hombre de empresa cómo se manejan los negocios puesto que éste se ha dedicado a ello toda su vida, por consiguiente le es inferior. De ahí que concluyese que “la intervención de los gobiernos es una equivocación; actúa más como un obstáculo que como un medio”. Para él, el Estado era incapaz de regular y de ordenar la sociedad económica y debía abstenerse y dejar al individuo que dispusiese libremente de sus propios intereses.

En este mismo sentido desarrollaron sus teorías económicas liberales otros pensadores que se basaban a su vez en tratadistas del siglo XVIII como Adam Smith y los fisiócratas franceses, aunque ya no creían como ellos en un orden económico espontáneo debido a la bondad de la Providencia y al juego de la libertad individual.

Entre ellos se hallaba Robert Malthus (1766-1836), quien publicó su polémica obra Ensayo sobre el principio de la población el mismo año en que estalló la Revolución francesa, aunque fue reeditada posteriormente en numerosas ocasiones. La idea fundamental de Malthus es que la población se acrecienta en progresión geométrica, mientras que la subsistencia lo hace sólo en progresión aritmética. De esa forma, la miseria en el mundo tendería a aumentar ya que la población crecería más rápidamente que la producción para alimentarla. “Un hombre que nace en un mundo que está ya completo -escribió Malthus-, si no puede obtener de sus padres la subsistencia que justamente les pide, y si la sociedad no necesita de su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar la más mínima porción de alimento y, de hecho, está de más. En el gran banquete de la naturaleza, no existe un cubierto para él”. Los hechos demostraron posteriormente que los cálculos de Malthus eran equivocados. Ni la población creció tan rápidamente, ni la producción aumentó de forma tan lenta como había previsto. Sin embargo, introdujo el concepto de crecimiento, frente al sistema económico de tipo estático que describían Adam Smith y los fisiócratas.

Del pesimismo de Malthus participaba también otro de los economistas liberales de la escuela inglesa: David Ricardo (1772-1823). Para él, no era posible extraer más riquezas de la tierra ya cultivada y por lo tanto sólo cabía esperar que aumentara la producción agrícola mediante la roturación de nuevas tierras que, por supuesto, eran de menor valor. Por eso, requerían un mayor esfuerzo para su cultivo, por lo que los precios tenderían a aumentar. Por otra parte, la introducción de nuevas técnicas en las tierras de buena calidad, no serviría para aumentar su rendimiento. Por el contrario, a partir de un cierto nivel de inversión para mejorar los cultivos, la producción no se incrementaría al mismo ritmo; es lo que se llama la ley del rendimiento decreciente. Consiguientemente, Ricardo creía que las dificultades económicas y la miseria no podrían ser corregidas ni por los progresos técnicos ni por las reformas sociales.Otro economista liberal de esta época y que representa el espíritu de la burguesía del siglo XIX es Stuart Mill (1806-1873), quien a diferencia de sus antecesores defendía una cierta intervención del Estado en la economía. Para Stuart Mill se había llegado al término de una evolución y no era posible ya que se produjeran grandes cambios; es más, había que poner todos los medios para impedir que éstos pudiesen darse.

Resulta curioso señalar la relación existente entre liberalismo económico y conservadurismo. En efecto, para muchos el liberalismo puede evocar una noción de libertad, opuesta al conservadurismo. Sin embargo, en el terreno económico el liberalismo se caracteriza por un sistema que, bajo la máscara de la libertad, se basa en el principio de la selección de los seres vivos, mediante el que los más fuertes acaban con los más débiles. Otros economistas, en general franceses, proponían un liberalismo más optimista. Entre ellos cabe citar aquí alean Baptiste Say (1767-1832), F. Bastiat (1801-1850) y Charles Dunoyer (1786-1862). Todos ellos eran contrarios a la intervención del Estado en la economía pues existían leyes naturales que eran las que debían regirla. No eran partidarios de establecer ningún sistema de asistencia ni de atención a los menos favorecidos, porque eso -decían- contribuía a extender la pereza y la incuria. Sin embargo, eran partidarios de fomentar la industria y creían en el aumento ilimitado de la producción. Sólo en un punto parecen contradictorias las doctrinas de estos economistas: aunque contrarios a la intervención del Estado en el control interior de la producción y en lo relativo a las leyes sociales, se mostraban partidarios de la participación del mismo en las cuestiones aduaneras. Casi todos ellos eran proteccionistas.

 

 Extraido de Artehistoria, página de recursos didácticos

 

 

 

 

 

 

 

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Monday, March 30, 2009

El siglo XVIII

Material 5° Año

El siglo XVIII

 Un siglo de grandes cambios

El siglo XVIII o Siglo de las Luces enmarca una serie de cambios que alteraran la vida del hombre. Cambios en la vida intelectual, en la vida política, en la vida económica y en la religiosa.

I. Cambios Políticos

  • Se delimitaron las fronteras terrestres europeas a principios del siglo XVIII, las cuales habían sido trazadas por las guerras dinásticas y comerciales. Su fin se realizó en una serie de tratados – Westfalia, Pirineos, del Norte, Utrecht – donde a través de éstos Inglaterra aumentó su poder colonial a expensas de Francia – le quita la Luisiana – y España y consiguió un monopolio comercial con sus colonias – el de esclavos -. Las Provincias Unidas – hoy Holanda – habían dejado de ser una potencia por la guerra de independencia que habían llevado adelante y por la dura competencia comercial que le hacia Inglaterra.

Estos tratados trajeron una serie de consecuencias políticas y que dejaron a Gran Bretaña como la gran potencia comercial dirigente, pero su influencia dentro de Europa fue de corta duración. Austria habían extendido su poder y autoridad. Los turcos venían en franca decadencia y el poderío de su imperio ya estaba muriendo, ahora solo puede defender sus fronteras. Suecia, España y las Provincias Unidas se encontraban también en su ocaso, y sus lugares fueron ocupados por Rusia y Prusia. Entre las grandes potencias solo Francia parecerá inalterable, aunque había perdido gran cantidad de sus posesiones ultramarinas – pero tenía aún la mayor fuerza militar y la población más numerosa, y su corte era la envidia de todos los monarcas -.

II Cambios sociales

  • Crecimiento de la población europea. Se habla del siglo XVIII como una verdadera explosión demográfica. Será en este siglo que aparecen los registros y censos de población, pero recién a principios del siguiente se realizarán anualmente. Estos censos y registros traerán un control mayor del gobierno sobre la población. Parece que la población europea pasó de 100-120 millones en 1700 a 120-140 millones en 1750, y a 180-190 millones en 1800. Todos los países contribuyeron a esta expansión, pero variando el grado de importancia. Esta explosión demográfica se vio favorecida por el descenso de la mortalidad desde 1740 – influenciado esto por las nuevas técnicas médicas, la mejor alimentación y el fin de las grandes matanzas por guerra -. Pero ese descenso se relaciona con el aumento de la natalidad, ya que a finales del siglo XVIII se da una tendencia al ascenso del índice de natalidad. Al respecto de las consecuencias de esta explosión demográfica las opiniones estaban divididas en la época: a) Malthus opinaba que sin guerras, sin plagas, sin hambres y sin el ejercicio de otras “restricciones preventivas” – como la emigración y la abstinencia – el número creciente de bocas agotaría rápidamente la capacidad de la nación para autoalimentarse y desembocaría pronto en hambre y el desastre. b) Otros opinaban que una población en crecimiento contribuiría a la felicidad humana y que era la disminución y no la expansión lo que debía preocupar. Una población creciente, al aumentar el número de trabajadores, debía ser un bien absoluto – principio mercantilista –, y según los fisiócratas mientras la tierra sea la fuente de la riqueza de las naciones, más brazos para trabajarla y labrarla sería mejor.

II. Cambios Económicos

  • Aparición de nuevas teorías económicas. La fisiocracia es uno de ellos, y de la mano de Quesnay, Dupont de Nemours y Mirabeau se desarrollará mayoritariamente en Francia. La fisiocracia aparece entre 1760-1780 y para 1780 ya todo el mundo en Francia la había olvidado, pero será la base para teorías venideras. La palabra fisiocracia es de origen griego y significa “gobierno o dominio de la naturaleza”. En Francia durante veinte años un conjunto de hombres se agrupó en torno a esta idea. Creían en la existencia de un orden natural que regia la vida  y las relaciones de los hombres y de los pueblos. Afirmaban que solo la agricultura rendía un producto neto, pensaban en la “esterilidad de la industria” y el comercio frente a la agricultura  como fuente de riquezas. Querían fomentar la gran empresa agrícola a semejanza de Inglaterra, establecer un solo impuesto, sobre la agricultura que sustituyera a todos los demás. La primer medida que se debía tomar para salvar la agricultura era la de liberalizar el comercio de granos. Los fisiócratas comenzaron por querer  restaurar las finanzas de Francia. Se basaron para esto en que la agricultura produce riqueza, Quesnay dice que el dinero en sí no es riqueza, y solo puede dar provecho si con él se pueden adquirir bienes productivos. El único bien productivo de donde se pueden extraer otros bienes productivos sin que se altere es la agricultura. Por lo tanto es la que nos puede dar una infinita riqueza. Las otras ramas de  la producción son técnica o económicamente transformadoras. El valor agregado por la industria y el comercio no son ni más ni menos que el valor del trabajo del hombre. Para Quesnay era evidente que la nación se empobrecía por el gasto del lujo y la extravagancia de los privilegiados, que llevaban una vida desmedida a sus medios y que consumían no solo su ingreso sino su capital, esto obviamente hizo que la aristocracia no viera con buenos ojos a los fisiócratas, y cada vez que estos llegaron al gobierno no pudieron realizar grandes reformas. Propiedad, libertad y seguridad, estas son las premisas del orden natural que exigen. Buscan un estado interventor , con un despotismo legal y donde el rey esté al tanto de las leyes y derechos y haga cumplirlas, pero que deje todo en manos de la ley natural que se rige sola.
  • Tierra y campesinos. Aún en este siglo, la tierra sigue siendo la fuente principal de riqueza para todos los estados europeos, y era en la tierra donde la mayor parte de los europeos se ganaba la vida. Las familias campesinas representaban un 75 % de la población en Prusia, un 80 % en Francia, y así sucesivamente. Esta importancia en la agricultura era común a todos los países, pero los tipos y los métodos de cultivo, el grado de complejidad, el sistema de propiedad de la tierra y la situación social de los cultivadores variaban de un país a otros. En el caso de Inglaterra vemos que poco a poco se va sucediendo el “enclosure” – cercamiento – por lo cual los propietarios que tenían sus propiedades dispersas, las concentraron para poder aprovecharlas mejor, llevando a cabo transformaciones técnicas e introduciendo nuevos cultivos, que provocaron fuerte rendimientos con el consiguiente abaratamiento de los productos agrícolas. Esto tendrá claras consecuencias sociales, los pequeños propietarios van a ir siendo poco a poco expulsados de sus  por el poder de los grandes terratenientes y la aristocracia que aún conservaba derechos sobre la tierra. Esta expulsión de los pequeños propietarios los llevó a buscar trabajo como peones en las zonas rurales, en las minas o en las ciudades. Pero frente a la situación francesa en Inglaterra los pequeños propietarios tendrán mucha fuerza.

El caso de Francia es un poco más particular, ya que las relaciones feudales en esas regiones aún se mantenían fuertemente, y la mayor parte de las tierras estaban en manos de la nobleza quien arrendaba o tenía en sus tierras gente que les trabajaba y le pagaba en especias o dinero. Esto hizo que la pequeña propiedad en Francia sea escasa y que la burguesía no tuviera la misma suerte que en Inglaterra donde ya se había introducido a la vida rural con sus propiedades.

Aunque en Inglaterra la iniciativa para el mejoramiento procedió en gran medida de granjeros y ganaderos emprendedores, en Francia provino de los esfuerzos combinados de nobles innovadores ansiosos de ganancias, de fisiócratas que creían que la tierra era la fuente de riqueza y del propio gobierno que en 1761 creo un departamento de Agricultura y fomentó la formación de sociedades locales para promover las nuevas ideas. Estos elementos serán el génesis de la revolución agraria, que junto a la explosión demográfica y a la revolución industrial cambiarán al mundo.

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Las Revoluciones Burguesas

Textos e interpretaciones

“Palmer y Godechot, en el Congreso Internacional de Ciencias Históricas en Roma, en 1955, plantean que la Revolución Francesa no fue más que… un aspecto de una revolución occidental o, con mayor precisión, atlántica, que comenzó en las colonias inglesas poco después de 1763, se prolongó a través de las revoluciones de Suiza, de los Países Bajos, de Irlanda, antes de alcanzar a Francia entre 1787y 1789. De Francia rebotó a los Países Bajos, se extendió a la Alemania renana, a Suiza, a Italia, Malta, el Mediterráneo oriental y Egipto… Más tarde ampliará su ámbito hacia otras países de Europa y de América Ibérica. De este modo la Revolución Francesa se integrará en la gran revolución atlántica.” Mannfred Kossok, “Las revoluciones burguesas.”, 1989. 

“Para captarla [la revolución francesa] en todas su magnitud, es preciso situarla en una perspectiva que trascienda los límites de Francia. No es un hecho meramente francés. Los acontecimientos de inscriben en un movimiento mucho más amplio. Hay una cierta orientación de la historiografía actual, tanto en Francia como en los Estados Unidos, que insiste en los vínculos entre esta Revolución y otros movimientos. En efecto si examinamos la cronología de las agitaciones revolucionarias – y hubo varias – descubrimos que entre ellas hay paralelismos y hasta sincronismos. [...] De 1776 a 1783, el movimientos más importante anterior a la Revolución Francesa es la Revolución Norteamericana… entre 1789 y 1805 se desarrolla la Revolución Francesa… En Europa tras 1820 estallan revoluciones en España, Bélgica, Grecia, Alemania, Italia, Austria, Holanda…[...] Este enfoque llama la atención sobre la universalización del movimiento y acerca de que el período comprendido entre 1780 y 1850 es un período de excepcional agitación. Destaca la inadaptación de las estructuras, instituciones, y la discordancia  entre el Antiguo Régimen y las nuevas aspiraciones de la burguesía. Sugiere que todo el Antiguo Régimen estaba en crisis y que las causas de la Revolución hay que buscarlas fuera de Francia.”

René Remond, “El antiguo régimen y la Revolución 1715-1815.”, Colección de Historia de Francia” 

Cronología de los Movimientos Revolucionarios

 

País

Año

Gran Bretaña

1688

Estados Unidos

1776

Francia

1789

Haití

1794

Virreinato del Río de la Plata

1810

Virreinato de Nueva España

1810

Alto Perú

1810

Chile

1810

España

1820

Portugal

1820

Grecia

1821

Brasil

1822

Polonia

1831

Hungría, Italia y Prusia

1848

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