El siglo XVIII
Material 5° Año
El siglo XVIII
Un siglo de grandes cambios
El siglo XVIII o Siglo de las Luces enmarca una serie de cambios que alteraran la vida del hombre. Cambios en la vida intelectual, en la vida política, en la vida económica y en la religiosa.
I. Cambios Políticos
- Se delimitaron las fronteras terrestres europeas a principios del siglo XVIII, las cuales habían sido trazadas por las guerras dinásticas y comerciales. Su fin se realizó en una serie de tratados – Westfalia, Pirineos, del Norte, Utrecht – donde a través de éstos Inglaterra aumentó su poder colonial a expensas de Francia – le quita la Luisiana – y España y consiguió un monopolio comercial con sus colonias – el de esclavos -. Las Provincias Unidas – hoy Holanda – habían dejado de ser una potencia por la guerra de independencia que habían llevado adelante y por la dura competencia comercial que le hacia Inglaterra.
Estos tratados trajeron una serie de consecuencias políticas y que dejaron a Gran Bretaña como la gran potencia comercial dirigente, pero su influencia dentro de Europa fue de corta duración. Austria habían extendido su poder y autoridad. Los turcos venían en franca decadencia y el poderío de su imperio ya estaba muriendo, ahora solo puede defender sus fronteras. Suecia, España y las Provincias Unidas se encontraban también en su ocaso, y sus lugares fueron ocupados por Rusia y Prusia. Entre las grandes potencias solo Francia parecerá inalterable, aunque había perdido gran cantidad de sus posesiones ultramarinas – pero tenía aún la mayor fuerza militar y la población más numerosa, y su corte era la envidia de todos los monarcas -.
II Cambios sociales
- Crecimiento de la población europea. Se habla del siglo XVIII como una verdadera explosión demográfica. Será en este siglo que aparecen los registros y censos de población, pero recién a principios del siguiente se realizarán anualmente. Estos censos y registros traerán un control mayor del gobierno sobre la población. Parece que la población europea pasó de 100-120 millones en 1700 a 120-140 millones en 1750, y a 180-190 millones en 1800. Todos los países contribuyeron a esta expansión, pero variando el grado de importancia. Esta explosión demográfica se vio favorecida por el descenso de la mortalidad desde 1740 – influenciado esto por las nuevas técnicas médicas, la mejor alimentación y el fin de las grandes matanzas por guerra -. Pero ese descenso se relaciona con el aumento de la natalidad, ya que a finales del siglo XVIII se da una tendencia al ascenso del índice de natalidad. Al respecto de las consecuencias de esta explosión demográfica las opiniones estaban divididas en la época: a) Malthus opinaba que sin guerras, sin plagas, sin hambres y sin el ejercicio de otras “restricciones preventivas” – como la emigración y la abstinencia – el número creciente de bocas agotaría rápidamente la capacidad de la nación para autoalimentarse y desembocaría pronto en hambre y el desastre. b) Otros opinaban que una población en crecimiento contribuiría a la felicidad humana y que era la disminución y no la expansión lo que debía preocupar. Una población creciente, al aumentar el número de trabajadores, debía ser un bien absoluto – principio mercantilista –, y según los fisiócratas mientras la tierra sea la fuente de la riqueza de las naciones, más brazos para trabajarla y labrarla sería mejor.
II. Cambios Económicos
- Aparición de nuevas teorías económicas. La fisiocracia es uno de ellos, y de la mano de Quesnay, Dupont de Nemours y Mirabeau se desarrollará mayoritariamente en Francia. La fisiocracia aparece entre 1760-1780 y para 1780 ya todo el mundo en Francia la había olvidado, pero será la base para teorías venideras. La palabra fisiocracia es de origen griego y significa “gobierno o dominio de la naturaleza”. En Francia durante veinte años un conjunto de hombres se agrupó en torno a esta idea. Creían en la existencia de un orden natural que regia la vida y las relaciones de los hombres y de los pueblos. Afirmaban que solo la agricultura rendía un producto neto, pensaban en la “esterilidad de la industria” y el comercio frente a la agricultura como fuente de riquezas. Querían fomentar la gran empresa agrícola a semejanza de Inglaterra, establecer un solo impuesto, sobre la agricultura que sustituyera a todos los demás. La primer medida que se debía tomar para salvar la agricultura era la de liberalizar el comercio de granos. Los fisiócratas comenzaron por querer restaurar las finanzas de Francia. Se basaron para esto en que la agricultura produce riqueza, Quesnay dice que el dinero en sí no es riqueza, y solo puede dar provecho si con él se pueden adquirir bienes productivos. El único bien productivo de donde se pueden extraer otros bienes productivos sin que se altere es la agricultura. Por lo tanto es la que nos puede dar una infinita riqueza. Las otras ramas de la producción son técnica o económicamente transformadoras. El valor agregado por la industria y el comercio no son ni más ni menos que el valor del trabajo del hombre. Para Quesnay era evidente que la nación se empobrecía por el gasto del lujo y la extravagancia de los privilegiados, que llevaban una vida desmedida a sus medios y que consumían no solo su ingreso sino su capital, esto obviamente hizo que la aristocracia no viera con buenos ojos a los fisiócratas, y cada vez que estos llegaron al gobierno no pudieron realizar grandes reformas. Propiedad, libertad y seguridad, estas son las premisas del orden natural que exigen. Buscan un estado interventor , con un despotismo legal y donde el rey esté al tanto de las leyes y derechos y haga cumplirlas, pero que deje todo en manos de la ley natural que se rige sola.
- Tierra y campesinos. Aún en este siglo, la tierra sigue siendo la fuente principal de riqueza para todos los estados europeos, y era en la tierra donde la mayor parte de los europeos se ganaba la vida. Las familias campesinas representaban un 75 % de la población en Prusia, un 80 % en Francia, y así sucesivamente. Esta importancia en la agricultura era común a todos los países, pero los tipos y los métodos de cultivo, el grado de complejidad, el sistema de propiedad de la tierra y la situación social de los cultivadores variaban de un país a otros. En el caso de Inglaterra vemos que poco a poco se va sucediendo el “enclosure” – cercamiento – por lo cual los propietarios que tenían sus propiedades dispersas, las concentraron para poder aprovecharlas mejor, llevando a cabo transformaciones técnicas e introduciendo nuevos cultivos, que provocaron fuerte rendimientos con el consiguiente abaratamiento de los productos agrícolas. Esto tendrá claras consecuencias sociales, los pequeños propietarios van a ir siendo poco a poco expulsados de sus por el poder de los grandes terratenientes y la aristocracia que aún conservaba derechos sobre la tierra. Esta expulsión de los pequeños propietarios los llevó a buscar trabajo como peones en las zonas rurales, en las minas o en las ciudades. Pero frente a la situación francesa en Inglaterra los pequeños propietarios tendrán mucha fuerza.
El caso de Francia es un poco más particular, ya que las relaciones feudales en esas regiones aún se mantenían fuertemente, y la mayor parte de las tierras estaban en manos de la nobleza quien arrendaba o tenía en sus tierras gente que les trabajaba y le pagaba en especias o dinero. Esto hizo que la pequeña propiedad en Francia sea escasa y que la burguesía no tuviera la misma suerte que en Inglaterra donde ya se había introducido a la vida rural con sus propiedades.
Aunque en Inglaterra la iniciativa para el mejoramiento procedió en gran medida de granjeros y ganaderos emprendedores, en Francia provino de los esfuerzos combinados de nobles innovadores ansiosos de ganancias, de fisiócratas que creían que la tierra era la fuente de riqueza y del propio gobierno que en 1761 creo un departamento de Agricultura y fomentó la formación de sociedades locales para promover las nuevas ideas. Estos elementos serán el génesis de la revolución agraria, que junto a la explosión demográfica y a la revolución industrial cambiarán al mundo.