Historia Local
HISTORIA LOCAL Y ORAL
El estudio de la historia local es importante en un mundo en el cual la globalización tiende a homogeneizar las vidas, los gustos y las ideas, el rescate de las diferencias y acciones de los sujetos a escala local es uno de los medios que nos pueden ayudar a mantener las identidades e historias que dan vida a cada una de las comunidades.
Ponencia para el I Congreso de Historia Local.
Alicante Diciembre 1995
Nuevos Recursos para la Historia Local
Durante generaciones los historiadores han aportado diversos puntos de vista sobre el pasado, a veces teniendo que releer las mismas fuentes. La utilización de las tecnologías de la información desde la década de los ochenta ha favorecido la generalización de herramientas estadísticas, sistemas de gestión bases de datos y procesadores de texto que han contribuido a agilizar las tareas de vaciado de las fuentes. La ausencia de planteamientos a largo plazo contribuye a que informaciones, que ya fueron procesadas usando medios informáticos, sea necesario volver a tratarlas por desconocimiento, adecuación, compatibilidad o porque el diseño de los programas de captura fue restringido a un objetivo inmediato no pensando en su reutilización.
La mayor difusión de las tecnologías, el abaratamiento de los costes, la generalización de las comunicaciones y la existencia de grupos de historiadores con formación tecnológica complementaria y sobre todo la demanda de fuentes históricas y artículos accesibles ‘en línea’ están contribuyendo a extender el uso de Internet entre los historiadores y a la puesta en común de los fondos con soporte digital.
Es la aparición del World Wide Web (en adelante Web o telaraña mundial), un sistema sencillo de búsqueda, recuperación y diseminación de información, que aprovecha las posibilidades de conexión entre redes de ordenadores de Internet, lo que ha generado una explosión de recursos poniendo en la red todas las posibilidades de difusión interactiva y ‘en línea’ de fuentes, textos, imágenes, sonido y video. Los documentos almacenados en un equipo informático tienen una forma de localización homogénea en todo el planeta: el URL (localizador uniforme de recursos), que indica una dirección de un equipos informático, una cadena de directorios y un nombre de archivo. Todos los documentos están escritos bajo unas normas comunes (html). El Web ha permitido una impecable presentación de la información simplificando las búsquedas y facilitando los enlaces entre documentos ubicados en ordenadores que se hallan distantes geográficamente.
La experiencia del Web hasta ahora se caracteriza por la innovación. El primer contacto nos muestra en la pantalla del ordenador una página similar a una revista gráfica en color. A través de un sistema de marcas realizamos directamente llamadas a otros documentos. Estas páginas son actualizadas, revisadas, actualizadas y enriquecidas periódicamente por un responsable de la edición. Tras estos responsables se encuentran, en ocasiones, proyectos respaldados por organizaciones creadas especialmente para los mismos y con recursos tecnológicos, humanos y financieros que explicaremos mas adelante.
Los materiales introducidos actualmente en la Internet son de muy diverso tipo, desde papiros egipcios, imágenes de la antigüedad clásica, manuscritos medievales, colecciones cartográficas, libros y textos de la ilustración, panfletos de la revolución francesa, tablas demográficas, estadísticas electorales.., Este material retrospectivo se complementa con fuentes de prensa escrita ya elaboradas directamente para su difusión en Internet o archivos de las Administraciones Públicas o empresas privadas cuyo sistema de gestión permite el almacenamiento digital y la consulta en línea.
De esta forma podemos acceder a mas de setenta mil páginas que hacen alguna referencia a la palabra historia, en el momento de escribir este artículo las páginas dedicadas específicamente a la historia son algo mas de cuatro mil.
Cada página, o varias de ellas, se encuentra en un ordenador que actúa de nodo y generalmente esta localizado en una Universidad. A esta información existente podemos acceder desde nuestro equipo a través de diversos caminos ya que cada documento puede hacer referencia a los demás mediante ‘enlaces hipertextuales’, el usuario solo tiene que apuntar con el ratón del ordenador la palabra u objeto marcado y el documento a que se refiere se visualiza en pantalla.
Existen diversos tipos de páginas de difusión de la información de interés para el historiador, para diferenciarlos los hemos denominado proyectos, catálogos, recursos de la Administración Pública y el Correo electrónico.
Existen en primer lugar proyectos de Universidades, Asociaciones o Instituciones. Estos proyectos tienen una infraestructura organizativa, es decir, una entidad, un presupuesto, dirección, empleados, oficinas.., y suelen apoyarse en los medios tecnológicos y el equipo de mantenimiento de los sistemas de información de las Universidades. Proyecto es la base de datos de Historia económica de Escocia (1550-1780).
En segundo lugar existen índices o catálogos de materiales relativos a documentos sobre historia. En general se trata de recopilaciones de trabajos colectivos o individuales, en ocasiones organizados según diversos criterios. La estructuración de estos índices tiene generalmente cinco vertientes: una cronológica con sucesivas fases (Arqueología, Historia Antigua, Medieval, S. XIV..,), una segunda organizada por países agrupados geográficamente (Europa, América, Asia..,), una tercera agrupada por temas (Historia Militar, de la mujer, el Renacimiento.,) una cuarta que agrupa según los materiales (Revistas, fotografía, cuadros, reproducciones facsímil..,) y finalmente una quinta que agrupa según la Institución cuyo nodo alberga el documento.
En tercer lugar esta la información que esta generando la propia Administración y que es susceptible de consultarse por medios telemáticos. Es obligado en este apartado referirse a la situación en España, es creciente el interés en las Administraciones Públicas por favorecer el desarrollo de estándares que faciliten el intercambio de información así como las consultas en línea.
En cuarto lugar existen recursos de consulta utilizando el correo electrónico, bien directamente, bien a través de listas de distribución.
Según el diario Le Monde, antes de diez años Internet superará como medio de difusión a todos los ”media’. Estamos, en el momento de redactar este artículo, en el nacimiento de este proceso que no se limita a la investigación en las Facultades de Historia o la enseñanza en los Institutos, sino que es un fenómeno que afecta a la vida cultural de toda la población. El éxito de Internet se basa en su comodidad y sencillez. Basta con disponer de un ordenador conectado a Internet desde casa o la facultad. Instalar y manejar una aplicación para rescatar documentos de la red es muchos menos complicado que utilizar un procesador de textos para capturar documentos del disco duro. Internet está convirtiéndose en un medio importante de penetración cultural.
Cualquier persona puede medir la oferta y demanda de información a través de la red. En efecto cada consulta a un documento es registrada en el ordenador principal que automáticamente elabora estadísticas mensuales, semanales o diarias a diversos niveles. El crecimiento mensual de la información sobre Historia es superior al 100% en casi todos los lugares visitados, existiendo diferencias en cuanto a los temas, países y épocas. El crecimiento espectacular de las telecomunicaciones en la próxima década y los movimientos de la industria informática y editorial en la adquisición de archivos abren las perspectivas de explotación de un capital que a menudo a estado expuesto a las iras de la naturaleza o las amenazas de los insectos.
Proyectos de Historia local.
El contenido de los proyectos es muy heterogéneo aunque todos tienen algo en común: proponen la creación de fondos de materiales que estén estructurados y sean susceptibles de un tratamiento posterior por parte de investigadores utilizados con fines docentes o de consulta.
Los proyectos tienen objetivos diferentes, pueden estar vinculados a las fuentes de historia local de un área concreta (por ejemplo Essex, Escocia..,) con fines de conservación, acceso y tratamiento. Otros se centran en aspectos temáticos concretos como las genealogías (estas últimas ya en fase comercialización). Podemos encontrar proyectos referidos períodos y relativos a los fondos existentes en una Institución concreta.
Entre los grupos comentados existen proyectos con entidad propia, al institucionalizarse y detentar la propiedad jurídica de los materiales parecen presentar mas posibilidades de futuro y obtener medios de autofinanciación. En ocasiones, tras cada proyecto encontramos una entidad organizada, con personalidad jurídica, directivos, personal de administración, medios de financiación y respaldo tecnológico, programas de catalogación propios que se comercializan, y una especialización concreta orientada hacia un sector de la demanda. En ocasiones estas entidades ya disponen de medios de financiación propios, vía consumidores o vía patrocinio.
Un texto de José Carlos Sebe Bom Meihy - Universidade de São Paulo - Brasil
Historia oral ¿”de quién”, “para quién” y “por quién”?
Según lo anteriormente argumentado, la historia oral sería una práctica generalizada y no el espacio de poder de una elite especializada.[1] Sería una práctica pública capaz de elaborar proyectos útiles a la sociedad y no sólo de ejercicio teórico y, casi siempre, aislado de los “otros”. Los oralistas serían personas capaces de ejercer la práctica de la inclusión social basada en la expresión de la memoria y la identidad grupal. Todo ello, hecho con rigor y agudeza. Se habla de método en la elaboración y desarrollo de proyectos, condición que no privilegia sólo a los académicos. No pretendemos, pues, afirmar que únicamente los universitarios están capacitados. Tomemos por ejemplo a las feministas, quienes a través de una militancia constante demostraron sus condiciones de participación social y revirtieron el papel histórico de las mujeres; ellas actuaron, en un sentido gramciano, como las intelectuales orgánicas de su propia condición. Consideramos que el mismo razonamiento aplica a las víctimas de procesos brutales de dominio o de orientación del trabajo. Entonces, en lugar de “actores”, “informantes” u “objetos de estudio”, los participantes de cualquier aventura analítica serían “colaboradores,” es decir, artífices de su propia historia y personajes en busca de una definición política en procesos sociales.
Son famosas las opiniones de algunos practicantes de la historia oral que relativizan posiciones que refutan la calidad o competencia de sectores distintos, proponiendo que la Universidad sea el forum exclusivo de la historia oral. La posibilidad de suponer intelectuales orgánicos, por ejemplo, ha llevado a algunos autores a evocar constantemente palabras como “banalización” o “trivialización.”[2] Partiendo del principio refutable de que la buena historia oral puede ser realizada por buenos oralistas (y no sólo por los académicos), se expone una faceta que demuestra la casi brutalidad que separa los trabajos buenos de los trabajos malos, a partir del marco universitario. Es curioso el hecho de que, en lo que respecta a los literatos, no se ha aplicado el mismo criterio. Intelectuales renombrados y autores de obras relevantes en el mundo literario no son criticados por su escolaridad. Tan sólo por citar un ejemplo extremo pero significativo: José Saramago, Premio Nobel de Literatura, no pertenece a ningún departamento universitario, y aún así goza de prestigio por el reconocimiento de su producción. Entonces, nos preguntamos, ¿por qué no reconocer la validez de los trabajos de historia oral, siempre que sean buenos y estén debidamente fundamentados, aunque no sean obra de académicos?
Esta reflexión hace posible el debate que cuestiona el objeto disciplinario de la historia oral. A fin de cuentas ¿de quién, para quién y por quién debe hacerse la historia oral? Si bien ya está esbozado el “por quién”, falta responder el “de quién” y “para quién”. Al mismo tiempo, dichas preguntas señalan los objetivos básicos de la historia oral como disciplina: la identidad y la memoria.
Uno de los debates más evitados de la historia oral es la interrogante del “de quién” y del “para quién” se desarrollan investigaciones en esa área. En una propuesta que se engalana con características innovadoras, el “de quién” es fundamental, porque señala la función de los agentes culturales capaces de animar el proceso de inclusión social. En este sentido, como exaltamos a los participantes de un proceso reivindicatorio como “intelectuales” de su propia cuestión social, es precisamente de ellos de quienes hablamos. Por consiguiente, la historia oral debe, prioritariamente, ser realizada por agentes de la comunidad a la que está destinada.[3] Evidentemente, no presuponemos ninguna exclusión - a fin de cuentas, ya definimos que la historia oral es un procedimiento que se realiza en la democracia, y en consecuencia, abriga corrientes de opinión distintas. Pero los antes denominados “actores sociales” o “informantes” son ascendidos ahora a la condición de “ciudadanos.” Por otro lado, como agentes muchas veces históricamente desprestigiados, esos ciudadanos, cuando son atendidos por otros mediadores, pueden (y deben) reconocerse como “colaboradores”. Por haberse considerado “vencidos”, muchos de los tipos sociales excluidos de las consideraciones sociales se relegan a un confinamiento histórico y se someten a la eventualidad de los análisis. Sin embargo, el superar esa condición sustrayéndola a los agentes de su propia trayectoria, es tarea de grupos casi siempre ajenos al proceso. Sin duda, la polarización entre quien vive el proceso y quien reúne datos para interpretarlo, forma parte de la elaboración de la Historia, y en esta última no se incluye la memoria. La identidad, a su vez, pasa a ser definida por otros, y no por los agentes del proceso.
Pero ¿para quién deben realizarse los trabajos de historia oral? El conocimiento se entiende como hecho social, según Pollak, porque es capaz de multiplicar los argumentos extraídos de las memorias subterráneas.[4] La historia oral disciplinaria debe hacerse para la sociedad. Se realiza en el entramado político y en él justifica el esfuerzo intelectual que, forzosamente, debe dejar de ser enajenado.
[1] Conviene citar la afirmación de Meyer, “Memoria y conciencia”, 2000, p. 77, en defensa de la profesionalización de la historia oral a cargo de los académicos, con el fin de demostrar que el tema es complejo y polémico. Dice la autora: “no podemos siquiera imaginar desacuerdo entre quienes reúnen, restauran, ordenan, organizan y ponen a disposición de la consulta ese mundo esencial de la heurística—los archiveros—, por un lado, y por el otro, quienes intentamos llevar a buen término la tarea hermenéutica—los historiadores.”
[2] Voldman, “Historia oral”, 1991, pp. 145-155; Joutard, “Retos”, 1999, pp. 149-162.
[3] Tomo el concepto de “comunidad de destino” como lo define Bosi, Memória, 1995, p. 21.
[4] Pollak, “Memória, esquecimento”, 1989, pp. 3-15.